Díaz-Canel recuerda concepción de Fidel Castro sobre cooperación médica

Díaz-Canel recuerda concepción de Fidel Castro sobre cooperación médica

En Periódico 26

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, evocó hoy la concepción del Líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, sobre la cooperación internacional de profesionales de la Isla en el sector de la Salud.

‘La digna respuesta de nuestros médicos, nos hace recordar cómo #FidelCastro concebía la cooperación cubana en la salud: ‘Nosotros demostramos que el ser humano puede y debe ser mejor … demostramos el valor de la conciencia y de la ética. Nosotros ofrecemos vidas’ #SomosCuba’, escribió el mandatario en su cuenta de Twitter @DiazCanelB.

Con ese mensaje, Díaz-Canel destaca el respaldo de los médicos cubanos a la decisión del Ministerio de Salud de este país de no continuar participando en el Programa Más Médicos de Brasil.

La iniciativa creada en el 2013 durante la gestión de la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, tiene como objetivo garantizar la presencia de médicos nacionales y extranjeros en zonas pobres y apartadas del gigante suramericano.

El miércoles pasado, el Ministerio cubano de Salud anunció la decisión de no continuar participando en el Programa Más Médicos de Brasil tras los condicionamientos y amenazas del presidente electo del gigante suramericano, Jair Bolsonaro.

De acuerdo con datos oficiales, en los últimos cinco años 20 mil galenos cubanos atendieron a 113 millones de pacientes y cerca de 700 municipios tuvieron por primera vez un médico.

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Presidente de Cuba rinde homenaje a médicos de la isla en Brasil

 Miguel Díaz-Canel

Desde Cuba.cu

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, resaltó hoy la labor de los médicos de la isla en Brasil que por cinco años llevaron esperanza a los sectores más humildes del gigante suramericano.

‘En las primeras horas del viernes comienzan a llegar a la Patria los apóstoles de la salud cubana que son #MasQueMedicos. Nuestro homenaje a los hombres y mujeres que hicieronhistoria en Brasil. Bienvenidos a casa. #SomosCuba’, escribió el mandatario en su cuenta de Twitter @DiazCanelB.

El primer grupo de colaboradores cubanos del programa Más Médicos de Brasil arribará a La Habana en la madrugada del viernes, tras la decisión de no continuar la participación en esa iniciativa, ante los condicionamientos del presidente electo, Jair Bolsonaro.

Este jueves voló hacia Brasil una aeronave IL-96-300 de Cubana de Aviación para garantizar el retorno de unos 250 profesionales de la salud, de los ocho mil 300 que trabajan en el programa creado en 2013 por la entonces presidente Dilma Rousseff.

De acuerdo con el portal digital Cubadebate, a bordo del avión viajaron 170 cooperantes que se encontraban de vacaciones en la mayor de las Antillas, en aras de organizar personalmente en el país sudamericano el fin de su misión.

El 14 de noviembre, el Ministerio de Salud Pública de Cuba (Minsap) anunció el cese de la participación de galenos de la isla en Más Médicos, a partir de condicionamientos y amenazas de Bolsonaro que reciben aquí el calificativo de irrespetuosos e inaceptables.

Mediante las redes sociales, el presidente electo de Brasil cuestionó la preparación de los profesionales cubanos, a quienes adelantó, obligaría al asumir el poder a revalidar el título y a la contratación individual como única vía, ignorando acuerdos con la Organización Panamericana de la Salud.

Se espera que durante los próximos cinco días arriben al Aeropuerto Internacional José Martí de esta capital vuelos con colaboradores procedentes de la nación sudamericana.

Según datos oficiales, en los últimos cinco años 20 mil galenos cubanos atendieron a 113 millones de pacientes brasileños y cerca de 700 municipios tuvieron por primera vez un médico.

Los médicos cubanos y la “saudade” de Brasil

Por Cubadebate

Si usted le pregunta a los médicos cubanos que hoy se van de Brasil cómo dejaron sus comunidades, cuál es el sentimiento de los más de 30 millones de personas que perderán la cobertura de salud, lo más probable es que escuche la palabra “saudade”. La traducción al español no es sencilla, a medio camino entre la tristeza y la nostalgia.

Es todavía jueves en nuestro país cuando partimos de la capital brasileña rumbo a La Habana en el IL-96-300 de Cubana de Aviación. A bordo van los primeros 201 médicos de los cerca de 8 000 que deberán ser evacuados en los próximos días. A este ritmo, serán necesarios unos veinte viajes de los dos aviones que se destinaron para la evacuación.

En el momento del despegue, los cuatro periodistas que seguimos esta historia acumulamos cerca de 12 horas sin salir al aire libre. Todavía nos restan por delante otras siete para concluir el periplo de ida y vuelta sin escalas.

Resulta increíble cómo el ser humano se adapta a los espacios y adquiere familiaridad en poco tiempo. La mesa desplegable para reposar la computadora y escribir, el tomacorriente de la derecha para recargar batería y el paso frecuente de la tripulación ofreciendo café o alguna merienda, se vuelven una rutina casi agradable. Pero la salud se resiente: la boca y la garganta resecas por el aire presurizado y el cuerpo entumecido por tanto tiempo sentado.

Pienso en los 20 mil profesionales cubanos que han trabajado en el programa Más Médicos en los últimos cinco años. Algunos de los lugares más inhóspitos y apartados del gigante suramericano se convirtieron en su hogar. Dejarlo todo atrás también les provoca tristeza o, como ellos dicen, “saudade”.

Uno puede medir el tiempo que llevan los médicos en Brasil por el grado de penetración del portugués que traslucen al hablar. Algunos sonidos con “iño” en palabras conocidas es el primer síntoma, pero cuando dicen el “pueblo brasileño precisa de nosotros”, en lugar de “nos necesita”; o cambian el “mucho” por “muito”, es señal de que llevan varios años.

En este primer vuelo retornan los doctores desplegados en los estados de Paraíba, Pernambuco y San Salvador de Bahía, tres de las regiones más pobres de Brasil, la tierra de los cangaceiros y el escenario de la Guerra del Fin del Mundo.

“Los médicos cubanos fueron a donde los brasileños no querían ir”, me dice en portugués Fernanda, una brasileña que trabaja como supervisora de vuelo en el Aeropuerto de Brasilia.

-“Eu sou journalista”, le digo en un portuñol improvisado para romper el hielo. Fernanda es lo más cerca que voy a estar del sentir popular en Brasil y quería aprovechar la oportunidad.

La espera en Brasilia se extendió más de lo planificado y tuve tiempo para conversar con ella en las idas y vueltas a la puerta del avión para tratar de sintonizar un poco de conexión inalámbrica y mandar los primeros materiales para Cubadebate.

Hago pausas muy largas tras cada palabra para tratar de hacer más comprensible mi español, pero Fernanda me lanza un regaño: “Los cubanos hablan muy rápido”.

-“Yo no voté por Bolsonaro. No, no, no…”, me dijo cuando habíamos ganado alguna confianza. “La gente no quiere que se vayan los médicos”.

-“¿Cuánto gana un doctor brasileño?”, le pregunté.

-“Depende de si trabaja en un hospital público o privado”, me respondió.
-“¿Cuánto gana el privado?”, insistí.

– Fernanda hizo algunas cuentas mentales y lo resumió: “Gana en un día más que yo en todo un mes”.

Comprendo entonces la frase de uno de los médicos cubanos a los que acompaño de regreso a Cuba. “En Brasil está Dios y después los médicos”.

Recuerdo las novelas brasileñas en las que el doctor del pueblo está siempre dispuesto a ir a la casa del hacendado, incluso a guardar algún secreto familiar, pero curar a los pobres resulta una obra de caridad y muestra de su buen corazón.

La idea de Más Médicos, fundado en el 2013 por el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, era convertir la caridad en un derecho. Pero no todos los “hacendados” estuvieron de acuerdo.

Con amenazas y provocaciones, el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, echó por tierra en pocos días lo que había demorado en construirse más de cinco años.

“Yo recibí la noticia de que se acababa el programa a las dos de la mañana por una amiga”, nos cuenta la doctora Alba Luisa Figueró, una habanera que desembarcó hace dos años en Pernambuco y se enamoró del lugar.

“No se pueden imaginar la cantidad de mensajes en Facebook, las despedidas…”, continúa Alba Luisa ya sentada en su asiento rumbo a La Habana. “Los niños me decían eu te quero muito”.

“Cuando uno deja a la familia en Cuba sabe que la va a volver a ver; pero a ellos…”, dice Alba y los ojos verdes se le ponen oscuros y vidriosos, casi del color que se ve el Amazonas desde el avión.

En unas pocas horas, los médicos cubanos han tenido que empacar uno, dos o tres años de vida y regresar a Cuba antes de lo previsto.

En el avión, como es lógico, no cabe tanto. Los miro abordar y cada pertenencia guarda una historia. El padre que lleva un carro de control remoto debajo del brazo, comprado quizás hoy mismo para no llegar con las manos vacías a la casa, los regalos para la familia, un alivio para las necesidades más apremiantes…

Pero hay objetos que llaman mi atención. Una doctora joven, que apenas debe sobrepasar los 30 años, en lugar de maleta de mano carga una guitarra. Me resulta imposible no imaginarla, instrumento en mano, tocando a Silvio o quizás a Pablo en el borde de la selva. Quizás le guste algo más moderno y movido, no lo pude saber.

Busqué por todo el avión, le pregunté a la tripulación y otros doctores, pero nadie recordaba dónde se había sentado la doctora de la guitarra. Fallé en no abordarla cuando entró.

Con quien sí pude dar rápido fue con el doctor Maiker Miranda, que había causado un poco de alboroto entre las aeromozas por lo inusual de su carga acompañante.

Maiker y su esposa, también doctora y cubana, adoptaron un perro poodle y le pusieron Nemo, como el dibujo animado. “No podíamos dejarlo, es parte de la familia”.

Pero hay cosas que no se transportan tan fácilmente. Maiker nos dice que va a extrañar mucho una receta del nordeste brasileño en la que se cocina al vapor el polvo de maíz seco y se mezcla con revoltillo de huevos o carne salada frita. Para asombro nuestro, el plato se come en el desayuno.

Otra doctora, hermosa, carga consigo un oso de peluche que casi le llega a la cintura.

-“Es para su niña”, le pregunto y me doy cuenta de que no tiene muchas ganas de hablar.

-“No, esto me lo regalaron a mí”, me responde escondiendo un poco la cara de tristeza. No pregunto más.

Tocamos tierra cubana a las 5:13 de la mañana, dos minutos antes de lo que había previsto el piloto tras despegar de Brasilia. Los médicos aplauden el aterrizaje perfecto.

Llegan a Cuba 211 historias, cada una distinta de la otra. Todavía cerca de 8 000 permanecen en Brasil.

El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, los recibe a todos en la puerta de la Terminal Tres. Están junto a él el vicepresidente Roberto Morales Ojeda, el Canciller Bruno Rodríguez Parrilla y el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal. Hay llantos, sonrisas y selfies.

“Bienvenidos a la patria”, les dice el presidente.

El doctor Maiker, quien trajo un cachorro de poodle desde Brasil hasta Cuba. Foto: Sergio Alejandro Gómez/ Cubadebate.

Somos Fidel

En el Editorial Granma

Dos años es tiempo razonable para evaluarnos. Cada uno indistintamente y todos de manera colectiva. Saber cuánto y cómo hemos cumplido con el compromiso firmado por los cubanos para hacer realidad el Concepto de Revolución, legado de Fidel y patrimonio inseparable para nuestro presente y futuro.

Si algo siempre hemos tenido en este tiempo es la presencia del Comandante en cada momento de nuestras vidas. Está allí en las obras que emergen. En los momentos adversos, cuando la naturaleza enfurecida arremete contra el hombre, que lejos de amilanarse, se crece. Está cada mañana en los matutinos de las escuelas. Subiendo o bajando la escalinata universitaria. Contento por la medalla obtenida por jóvenes estudiantes en alguna Olimpiada del conocimiento. Feliz por los logros en la ciencia, la producción de vacunas y otros medicamentos, en todos los casos una ciencia al servicio del ser humano.

También lo observamos contrariado por alguna obra mal terminada. Por lo que podemos y no hacemos para que nuestras ciudades estén más limpias y bellas. Por la falta de recursos para poder adquirir modernos medios para la salud.

Éramos cientos de miles, los que aquel 1ro. de mayo del año 2000, en la Plaza de la Revolución, escuchamos y aplaudimos su profunda reflexión.

Cada palabra impactaba y su mirada profunda acostumbrada a tener delante al pueblo, parecía penetrar en cada uno de nuestros corazones como inyección de fuerza, de perseverancia, de patriotismo, de seguridad en la victoria.

Recordemos:  «Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo».

¿Y es que cumplimos cada día con este profundo postulado de Fidel ?

Pienso que en ese camino andamos y grandes batallas se libran. En primer lugar la ideológica, la de formación de valores, tan necesarios.

Hay logros incuestionables en la salud, la educación y otras esferas sociales. Sin embargo, todavía el tema económico sigue siendo una deuda, como lo es el desarrollo agrícola y ganadero.

No hemos cumplido mientras los precios de muchos artículos, necesarios para la vida diaria, sean exorbitantes, muy alejados del bolsillo de quienes menos salario reciben.

Se avanza  en el proceso de inversión extranjera, como parte del concepto de Fidel de «cambiar todo lo que debe ser cambiado». También en sectores como el turismo. Pero la sustitución de importaciones solo se logrará cuando seamos capaces de producir bien y sostenidamente, repito, sostenidamente.

Vencemos cada año y cada día en la lucha contra el bloqueo. El mundo nos apoya y casi unánimemente vota a favor de Cuba, pero aún andamos con lastres burocráticos internos y falta de iniciativa, que añaden leña en este importante frente. Hay que cambiar la mentalidad –lo más difícil–. Cambiar para ser mejores.

Contento está el Comandante al saber que millones de cubanos –en algo inédito internacionalmente– han estudiado y aportado en el proceso de análisis del Proyecto de Constitución que en febrero próximo se votará en referendo.

Ejercicio de democracia por la que siempre abogó. Oír y respetar la opinión de todos, por diversas que sean, para hacer de la Ley suprema un garante de nuestro sistema y de nuestro pueblo.

Uno de los preceptos del Comandante, «ser tratado y tratar a los demás como seres humanos», es un llamado permanente, parte cotidiana de cada uno de nosotros si queremos construir un país mejor.

Por estos días, cuando el irrespeto y la falta de valores están de moda, lo mismo en el Gobierno estadounidense que en el brasileño, nos adentramos en el pensamiento del Comandante de «defender valores en los que se cree, al precio de cualquier sacrificio».

Los cubanos, médicos o de otras profesiones, hacen de esta concepción del líder una bandera en la solidaridad que practicamos sin precio alguno y sin jamás aceptar chantajes por parte de enemigos de nuestro país.

Solo así se alcanza ese estadío que nos pide Fidel de tener la «convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y de las ideas».

Nuestro invicto Comandante resume el Concepto de Revolución recordando algo por lo que siempre luchó, tanto nacional como internacionalmente: «Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo».

Esas premisas deben ser parte de la agenda de vida diaria de cada cubano, de evaluación permanente, de corrección. Y para que no quepa duda, así es, y la dirección actual, la de la continuidad y la garantía, trabaja tesoneramente en ese objetivo. Todos debemos sentirnos parte y para lograrlo se hace imprescindible la participación, el trabajo y el esfuerzo mancomunado.

Fidel Castro y su vocación de sanar

Tomado del Escambray

Hace 55 años Fidel Castro plantó en no pocos países del orbe la semilla de la colaboración médica cubana. De su ingenio altruista nacieron humanos proyectos: el Contingente Henry Reeve, la Operación Milagro, Barrio Adentro…, a todos los ha impulsado la misma pasión: salvar

Iba a ser una recepción más, como tantas otras que por esos años Fidel Castro habituaba a ofrecer a los médicos cubanos que partían a cumplir misión internacionalista. Para ese entonces Jenny Domínguez Nieto y Geovanis Alcides Orellana Meneses se habían graduado de médicos, habían estado un año en Guantánamo, luego otro en Haití —de donde habían regresado convertidos en novios— y ahora partirían a Venezuela.

Cuando Geovanis terminó de pronunciar aquellas palabras y bajó a saludar a la presidencia y, a su vez, a Fidel, se le revelarían como nunca todas las emociones.

—Vienes de Haití y vas para Venezuela, ¿a quién tienes allá? —inquirió el Comandante en Jefe al joven.

—Aquí está mi novia y queremos irnos juntos.

Solo entonces cuando Fidel fue a saldar la deuda de entregarles los diplomas de “Internacionalistas por la salud”, reparó en aquella muchacha. Catorce años después recuerda ahora Jenny que le dijo:

—¿Esta es tu novia? Qué bonito, se fueron de novios para Haití, deberían irse casados para Venezuela. Es una facultad que tienen los Comandantes en Jefe, si quieren los casamos.

Era el amanecer del 29 de junio del 2004 y ante el sí recíproco de los novios quedó concertada la boda para esa tarde. No fueron los únicos en matrimoniarse, otras dos parejas espirituanas también lo hicieron. Y a las cinco en punto, en aquel pequeño salón del Hotel Palco los esperaba Fidel de cuello y corbata para ser testigo de esas uniones.

“Fue una experiencia única —confiesa Jenny—. Él hablaba de la misión, de Venezuela, del desarrollo del país y nosotros estábamos como que no creíamos eso. Nos sentíamos como estoy o no estoy aquí”.

Mas, era cierto. Podía el líder asistir a plantar aquella simiente de amor con el mismo ímpetu que diseminaba por el mundo la labor de otros médicos cubanos como ellos. Fue un proyecto igual de sensible que comenzó en 1963 cuando, por idea suya, las batas blancas empezaron a inundar lugares remotos, a llegar prontísimo a zonas devastadas por desastres naturales, a sanar el cuerpo y el alma de muchos.

 

EL PRINCIPIO DE UN ITINERARIO

Cuando aquel avión Britania de Cubana de Aviación levantaba vuelo hacia Argelia con más de medio centenar de profesionales de la salud a bordo —en mayo de 1963— se iniciaba la multiplicación de la solidaridad sanitaria de la isla hacia todos los confines del orbe.

Antes, en 1960, una brigada médica había llegado a Chile para ayudar tras el terremoto que estremeciera al país. Sería la primera experiencia; tres años después, en la inauguración de la Escuela de Medicina Playa Girón, de La Habana, Fidel diría: “Estoy seguro de que no faltarán voluntarios (…) Hoy podemos enviar solo 50, pero dentro de 8 o 10 años, quién sabe cuántos, y estaremos ayudando a nuestros hermanos (…) porque la Revolución tiene el derecho de recoger los frutos que ha sembrado”. Tan solo fue un pretexto para desencadenar un enjambre de médicos por todos lados sin precedentes, quizás, en la historia.

Y comenzarían a contarse entonces las vivencias de los pueblos en la piel de aquellos doctores que llegaban a donde nunca se había visto un galeno, a compartir los dolores ajenos como suyos, a sanar sin reparar en las pobrezas de los bolsillos.

Sería solo el principio. Las cifras de galenos enrolados en misiones crecerían por años al mismo tiempo que se incorporaban otras naciones a abrirle las puertas a esa invasión de solidaridad.

En 1974 Sancti Spíritus comenzaba a inscribirse también en esa épica cuando el pediatra Luis Sáenz llegaba a Honduras. Le sucederían hechos similares todos estos años y se multiplicarían los profesionales con esa vocación solidaria, que había sido incorporada casi en el ADN de su carrera.

Ayudar a los otros partía de la misma concepción humanitaria de Fidel que igual donaba sangre —como lo hizo el 31 de mayo de 1970 cuando ocurrió un terremoto en Perú— que impulsaba a tenderle manos a los otros.

Podían ser brigadas aisladas de médicos destinadas a habitar los sitios más inaccesibles de otros continentes; podían ser experiencias de la isla, como el estudio genético nacional realizado en el 2003, clonadas luego en otros países bajo las misiones “Moto Méndez”, en Bolivia, y “Manuela Espejo”, en Ecuador; podían concebirse y materializarse programas masivos de cooperación.

Así surgieron, con el bautismo de Fidel y Chávez, Barrio Adentro, en el 2003 —la más grande de todas las misiones médicas cubanas en el exterior— o la Operación Milagro, en el 2004, o el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, creado en el 2005 para auxiliar a las víctimas del huracán Katrina que afectó a los territorios de Lousiana, Mississippi y Alabama, en Estados Unidos.

Solo hacía falta un hospital de campaña para plantar en medio de las ruinas de Pakistán, Guatemala o Haití, un maletín de primeros auxilios a la mano, un estetoscopio para auscultar hasta las penas por tantas pérdidas y la voluntad de entregarse siempre.

Mas, Fidel lo sabía: no bastaba con suplir el déficit de profesionales foráneos con nuestros médicos; además de sanar era preciso, también, compartir saberes para formar médicos en esos lugares.

La Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) daba cuerpo a aquella quimera fidelista que hoy, luego de casi dos décadas, ha formado a más de 20 000 galenos de un centenar de países. Justo en su nacimiento, el 15 de noviembre de 1999, el líder histórico de la Revolución afirmaba: “Más que médicos, serán celosos guardianes de lo más preciado del ser humano; apóstoles y creadores de un mundo más humano”.

CUBA EN EL MUNDO

Al llegar a Barrigada de Aníbal, en Brasil, a la doctora Maricel Hernández le sobrecogió la extrema pobreza y la gratitud inmensa de aquellos brasileños que jamás habían tenido un médico tan cerca. Había llegado en el 2013, como parte de los doctores que iniciaban en el país suramericano el Programa Más Médicos que recientemente ha sido boicoteado por la insensatez del presidente electo Jair Bolsonaro.

Como tantos otros espirituanos —actualmente más de 300 se hallan en Brasil—, la experimentada médica vivió momentos tensos, puso a prueba la pericia curtida durante años de diagnósticos y se llevó el regocijo de curar a muchos pacientes.

Ha sido un déjà vu en cualquier tierra —Sierra Leona, Guyana, Perú…—: los médicos atravesando caminos fangosos, sorteando las barreras hasta de las costumbres, convirtiéndose en doctores y amigos, sanando…

En 55 años de cooperación médica internacional más de 400 000 profesionales y técnicos de la salud han revertido la situación de salud de 164 naciones. De tales cifras, más de 8 000 son espirituanos quienes han llevado sus servicios a 40 países.

Si la disminución de los índices de mortalidad en dichos lugares o la erradicación de ciertas enfermedades no fueran suficientes para aquilatar la trascendencia de la idea humanista de Fidel, bastarían entonces los premios otorgados a la Brigada Henry Reeve o a quienes lucharon contra el ébola en África.

Hace solo unos días, Miguel Díaz-Canel Bermúdez lanzaba a las redes un tuit donde recordaba la concepción de Fidel sobre la cooperación médica. Para el Comandante simplemente se resumía: “Nosotros demostramos que el ser humano puede y debe ser mejor (…) demostramos el valor de la conciencia y de la ética. Nosotros ofrecemos vidas”.

Sería un precepto compartido por aquel “ejército de batas blancas” como una vez los llamó. No han importado horarios para asistir a un parto ni se ha mirado con recelo el único pedazo de pan puesto encima de la mesa para compartir. Las consultas no saben de puertas cerradas ni de lujos; basta aquel buró sobrio, la camilla para examinar y el retrato que cuelga, casi siempre, en la pared donde un hombre de barba tupida y traje verde olivo parece que los mira y los guía.

Fidel Castro, un legado de humanismo y cercanía al pueblo (+Fotos)

Cuba no solo forma galenos, sino seres humanos comprometidos con el bien de la humanidad

Expresó el titular del Ministerio de Salud Pública, José Ángel Portal, quien aseveró, además, que no hubo precipitación alguna en este paso

CUBA, 21 de noviembre de 2018.-  Han pasado los días y aún el mundo no sale de su asombro. Serán 30 millones los brasileños que a partir del 2019 extrañarán el acompañamiento de los médicos cubanos, quienes les aseguraban uno de los derechos humanos más valiosos: la salud pública.

Las ofensivas declaraciones del presidente electo de esa nación, poniendo en tela de juicio la calidad de nuestro sistema de salud y de los profesionales formados por la escuela cubana de Medicina, impiden que los galenos de la Mayor de la Antillas continúen allí su labor humanitaria, como parte del programa Más Médicos, en el que Cuba participa desde el 2013.

«Hemos tomado una decisión dolorosa, pero necesaria, en defensa de la dignidad profesional y humana de nuestros colaboradores y de su seguridad. Desde hace meses damos seguimiento a los pronunciamientos amenazantes y provocadores del presidente electo, los que ratificó al día siguiente de confirmarse su elección», dijo en entrevista ofrecida a Cubadebate, el titular del Ministerio de Salud Pública, José Ángel Portal, quien aseveró, además, que no hubo precipitación alguna en este paso.

Lo cierto es que la vocación humanitaria de este pueblo y la visión de internacionalismo proletario que hemos defendido hasta hoy no establecen diferencia alguna. Los abismos entre clases, las interioridades de cada sociedad no son asuntos en los que nuestra medicina distinga, la máxima es la vida.

«No se trata de que Cuba pueda tener diferencias políticas o ideológicas con un determinado gobierno. La práctica de las últimas décadas recoge incontables ejemplos de cómo nuestro país ha puesto la salud de un pueblo por encima de la política. En el año 2009, durante el golpe de Estado en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya, cerca de 400 médicos cubanos permanecieron en esa nación en condiciones muy difíciles, asumiendo riesgos personales y sin ningún tipo de garantía económica. Los elementos de juicio que primaron entonces fueron el impacto social que tendría su retirada para el hermano pueblo hondureño y que el gobierno golpista nunca asumió una postura agresiva ni de cuestionamientos a la colaboración cubana. Cuba no hace política con la salud de ningún pueblo».

Lógicamente, hay principios que no son negociables y lo sucedido en Brasil es una muestra de ello. Nadie tiene el derecho de poner en duda los altos estándares de calidad de la formación de nuestros galenos, cuando Cuba, a pesar de ser un país bloqueado por casi 60 años, muestra indicadores que superan incluso los de países desarrollados. «Tampoco se pueden tolerar ofrecimientos malintencionados y tendenciosos que buscan que los colaboradores abandonen su misión», aseveró Portal, quien apuntó también que en 55 años de colaboración en más de 160 países, jamás vivió Cuba una situación como esta.

Muchos han sido los testimonios revelados por estos días, de voz de los hombres y mujeres que hoy retornan a la Patria. Historias que enorgullecen y demuestran que este país no solo forma galenos, sino seres humanos comprometidos con el bien de la humanidad. La misión de preservar ese bien sagrado que es la vida, ha permitido que los hijos de esta tierra pongan muchas veces en segundo plano la suya propia.

Más allá de las infundadas campañas que se desaten contra ese principio elemental, los cubanos que parten hacia otras naciones confían en la transparencia del sistema que los formó, porque tienen de ello vivencias personales.

«El dinero que llega a Cuba como parte de la cooperación médica con Brasil contribuye a financiar los servicios sociales de 11 millones de cubanos, incluidos los familiares de los médicos en el exterior. El dinero no va a la cuenta personal de nadie ni sirve a intereses individuales. Mientras algunos utilizan el dinero público para salvar bancos, Cuba salva vidas.

«Es cuando menos sospechoso que el presidente electo se preocupe tanto por el bienestar de los médicos cubanos y sus familiares, pero no emita comentario alguno sobre las decenas de miles de profesionales brasileños que carecen de un título reconocido para ejercer la medicina».

Esas son las verdades que defendemos, porque tenemos toda la autoridad moral para ello. Los terremotos en Pakistán, el ébola en África y otros tantos destinos inimaginados, han constituido parte del itinerario de quienes solo necesitan una mirada de agradecimiento para sentirse bien pagados. Por eso su Patria jamás los abandona, y el desvelo que hoy muestran el Gobierno de la Isla y su Ministerio de Salud, lo comparte todo el pueblo.

«El Gobierno cubano ha creado un grupo de trabajo intersectorial que todos los días analiza cada paso y cada medida (…) Una parte de nuestros médicos son residentes permanentes en Brasil, con familias brasileñas constituidas. Tampoco los dejaremos a su suerte y siempre podrán contar con el respaldo y las garantías de Cuba», expresó el Ministro a Cubadebate.

Reincorporarse a sus puestos de trabajo, volver a prestar servicios en otras naciones si así lo consideran, son algunas de las garantías que les ofrece Cuba a su retorno. Si a eso se suma el hecho de que se ha tocado la puerta de cada familia, de que se han atendido las necesidades y preocupaciones de los seres queridos, es posible medir una vez más cuán magnánima es esta Revolución, que también ha compartido sus esencias con hombres y mujeres de otras latitudes que se han forjado aquí como médicos.

«Esos mismos valores los compartimos con las decenas de miles de profesionales de la salud extranjeros que se han formado en Cuba. De ahí también el reconocimiento que nos hemos ganado ante organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)», afirmó el titular en la referida entrevista.

Son 20 000 los cubanos que hasta hoy han integrado el Más Médicos. Seres excepcionales que llegaron hasta allí. Atravesaron ríos, montañas, vieron pasar de cerca la violencia, se refugiaron en la sencillez de viviendas sin lujos, pero no claudicaron. Por eso pueden escribir hoy con orgullo la cifra de cien millones de consultas, cuyo impacto en la salud de los brasileños también puede medirse cualitativamente.

«Debemos recibirlos como héroes, con gratitud y admiración, con los mismos sentimientos con que hoy los despide el pueblo brasileño», y regresarán con la frente en alto, «porque son mucho más que médicos».
Ojalá no sea este un adiós definitivo. Tal vez la historia permita que la justicia social retome el poder en Brasil y que, como ha sucedido hasta ahora, puedan sus hijos sentir nuevamente el calor humano y la grandeza de alma que anida en nuestro ejército de batas blancas.

EN CIFRAS, CÓMO CUBA ES UN EJEMPLO PARA EL MUNDO EN MATERIA DE ASISTENCIA MÉDICA:

Cuba ofrece colaboración internacional en salud: 64 países

Cuenta con:

Hospitales: 150

Policlínicos: 450

Consultorios: más de 10 800

Clínicas estomatológicas: 111

Hogares maternos: 131

Farmacias: más de 2 500

Institutos de investigación: 12

Universidades de Ciencias Médicas: 25.

Total de trabajadores de la salud: 482 308.

Médicos por habitantes: 92 084, uno por 122 habitantes.

Estomatólogos por habitantes: 18 675, uno por 602 habitantes.

Personal de enfermería por habitantes: 85 870, uno por 123 habitantes.

Tecnólogos de la salud: 59 846, uno por 188 habitantes

Fuente: Anuario estadístico de salud 2017 y datos ofrecidos por el  Ministro de Salud

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